
Después de mucho tiempo, y aunque ha sido difícil, por fin me animo a contar mi historia en el proyecto de ser mamá con la esperanza de dar esperanza a esas futuras mamas que tanto lo buscan y tienen un camino lleno de baches. No estáis solas.
Desde muy pequeñita, y tengo ya 27 años, he querido ser mamá. Me encantaban y encantan los niños, siento que me entiendo mejor con ellos que con algunos adultos. Siendo adolescente me hice monitora, con el fin de divertirme con los más peques, esos peques que a la vez son tan grandes y nos enseñan tanto.
Mi andadura en el sueño de ser mamá empezó en septiembre de 2018. Un día no llegó la regla y sorpresa ¡positivo en el test de embarazo! Estábamos tan contentos como asustados, pero al fin y al cabo era una alegría inimaginable. Un día empiezo a manchar y a tener un dolor horrible y me fui enseguida al hospital. Tras realizarme una beta en sangre nos dicen que los valores no son los que deberían ser para las semanas de gestación y que a las 48 horas debía volver y esos valores debían ser el doble, sino el embarazo peligraría seriamente. Así que nos fuimos a casa tan tristes como alegres estuvimos el día anterior y con el corazón en un puño.
A los dos día volví sola al hospital, mi pareja tenía que trabajar si o si, y fui muy asustada pero con el ánimo de todos mis seres queridos. De poco me sirvió, mi beta no había duplicado. Y no solo me encontré con esta mala noticia, sino que mi beta no bajaba como debería bajar, por lo que me encontraba ante un posible embarazo retenido. Me dijeron que volviera dentro de otras 48 horas para volver a ver valores.
Y así hasta un total de 12 días seguidos, hasta el 18 de septiembre de 2018 donde mi mundo se vino abajo. Los ginecólogos no paraban de mirar y mirar y mi beta no bajaba a cero, por lo que nos comunicaron, ese día fui con mi pareja y mi madre, que debían hacerme una laparoscopia exploratoria para ver si era un embarazo ectópico, puesto que en las ecografías no se podía ver nada, también me dijeron que lo más probable es que si lo fuera perdería una trompa y el 50% de posibilidad de ser mamá algún día.
Como había desayunado ese día tuve que hacer 8 horas de ayuno hospitalizada para poder realizar la operación. Las horas no pasaban y yo cada vez estaba más nerviosa.
Cuando por fin llegó la hora, lo único que recuerdo es la mano de Ana, una enfermera de quirófano dándome calor y ánimos.
Pasaron 3 horas.
Por fin me despierto en reanimación, lo que debía haber sido una operación de 30 minutos se convirtió en una operación mucho más larga. ¿El resultado? Un embarazo ectópico de larga duración (casi 9 semanas), el cual me estalló una trompa y me estaba desangrando por dentro, por lo que tuvieron que hacerme una histerosalpinguectomía derecha.
Mi corazón se rompió en mil pedazos. He de decir que tampoco ayudo que mi habitación estuviera en la planta de maternidad del hospital.
Tras tres días ingresada, a en los que si hubiera sido actriz me hubieran dado un Óscar, por fin pude irme a mi casa, mi refugio. Sólo quería llorar, llorar mi pérdida, llorar que había perdido una parte de mi, llorar que había perdido el 50% de posibilidades de ser mamá algún día y llorar porque sí, porque mi cuerpo lo necesitaba.
“¡Hasta aquí!” Me dije cinco días después, y me puse manos a la obra para distraerme en todo momento porque no podía permitirme estar tanto tiempo en un pozo negro. La vida seguía y yo quería volver a montarme en ese tren.
En definitiva, fue una experiencia muy dura pero que me enseñó a luchar por cumplir mi sueño de ser mamá, y gracias al apoyo de mi gordito y mi familia sabía que algún día ese sueño se cumpliría.